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Las nuevas inyecciones para adelgazar: ¿son para todo el mundo?

  • Actualidad

 

Medicamentos como la semaglutida y la tirzepatida han cambiado el tratamiento de la obesidad. Pero ¿cómo funcionan realmente, quién puede utilizarlos y qué riesgos debemos conocer antes de empezar?

En los últimos años, las llamadas inyecciones para adelgazar se han convertido en uno de los tratamientos médicos más conocidos para perder peso. Sus resultados han despertado un enorme interés, pero también muchas dudas y falsas expectativas.

Aunque estos medicamentos pueden conseguir pérdidas de peso importantes, no están indicados para todas las personas ni deben utilizarse sin supervisión médica.

La obesidad es una enfermedad crónica y compleja. Su tratamiento va mucho más allá de comer menos y hacer más ejercicio, y requiere tener en cuenta factores metabólicos, hormonales, nutricionales y de comportamiento.

 

¿Cómo funcionan las inyecciones para perder peso?

Entre los medicamentos utilizados actualmente se encuentran la semaglutida y la tirzepatida.

Estos tratamientos actúan sobre mecanismos hormonales implicados en la regulación del apetito y la saciedad.

La semaglutida imita la acción de una hormona intestinal denominada GLP-1, mientras que la tirzepatida actúa sobre los receptores de dos hormonas, GLP-1 y GIP.

En términos sencillos, ayudan a sentir menos hambre, aumentan la sensación de saciedad y facilitan una reducción de la cantidad de alimentos que consumimos.

Ambos medicamentos cuentan con presentaciones inyectables que se administran habitualmente una vez por semana.

Sin embargo, sus efectos no son idénticos en todas las personas y su eficacia depende también de otros factores, como la alimentación, la actividad física y las características metabólicas de cada paciente.

 

¿Quién puede beneficiarse de estos tratamientos?

Estos medicamentos tienen indicaciones médicas concretas.

En adultos, las indicaciones para el control del peso incluyen generalmente personas con obesidad, es decir, con un índice de masa corporal (IMC) igual o superior a 30, o personas con un IMC igual o superior a 27 que presentan enfermedades relacionadas con el exceso de peso.

Entre estas enfermedades se encuentran la diabetes tipo 2, la hipertensión arterial, la apnea del sueño o determinadas alteraciones del colesterol.

Por tanto, no son tratamientos destinados a perder unos pocos kilos por motivos exclusivamente estéticos.

Antes de prescribirlos, el endocrinólogo debe valorar el estado de salud, los antecedentes médicos, los tratamientos habituales y los objetivos terapéuticos de cada persona.

 

¿Cuánto peso se puede perder?

Los ensayos clínicos han demostrado que estos medicamentos pueden conseguir reducciones de peso relevantes.

Sin embargo, no existe una cifra de pérdida de peso garantizada. La respuesta varía según el medicamento, la dosis, la duración del tratamiento y las características individuales.

Además, hay una cuestión especialmente importante: perder peso no significa necesariamente perder solo grasa.

Durante un proceso de adelgazamiento también puede reducirse la masa muscular. Por eso resulta fundamental asegurar una alimentación adecuada, especialmente en proteínas, y realizar ejercicio de fuerza adaptado a cada paciente.

El análisis de composición corporal, mediante herramientas como InBody 580, puede ayudar a seguir los cambios estimados de masa grasa y masa muscular durante el tratamiento.

 

¿Tienen efectos secundarios?

Sí. Como cualquier medicamento, estos tratamientos pueden producir efectos adversos.

Los más habituales son las náuseas, los vómitos, el estreñimiento, la diarrea y las molestias abdominales, especialmente al comenzar el tratamiento o aumentar la dosis.

También existen complicaciones menos frecuentes que deben valorarse individualmente, como problemas de vesícula biliar o pancreatitis.

No están recomendados durante el embarazo, y las personas que planifican quedarse embarazadas deben comunicarlo al especialista con antelación.

Por todo ello, es imprescindible que la prescripción y el seguimiento sean realizados por profesionales sanitarios.

 

¿Qué ocurre cuando se deja el tratamiento?

Esta es una de las preguntas más importantes.

En algunas personas, al suspender la medicación aumenta nuevamente el apetito y se recupera parte del peso perdido.

Esto sucede porque la obesidad es una enfermedad crónica y los mecanismos biológicos que favorecen la recuperación del peso pueden persistir.

Por tanto, el objetivo no debe limitarse a adelgazar rápidamente, sino a conseguir una mejora de la salud que pueda mantenerse a largo plazo.

 

Un tratamiento médico, no una solución milagrosa

Las nuevas terapias farmacológicas representan un avance importante en el abordaje de la obesidad, pero no sustituyen una alimentación equilibrada ni un estilo de vida saludable.

El mejor tratamiento es aquel que se adapta a las necesidades de cada paciente y combina seguimiento endocrinológico, educación nutricional, actividad física y, cuando está indicado, tratamiento farmacológico.

Si tienes dificultades para perder peso o has recuperado los kilos después de diferentes dietas, una valoración especializada puede ayudarte a conocer las opciones terapéuticas más adecuadas para tu situación.

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